Los objetos existen, están compuestos de materia, habitan un espacio vacío con su peso muerto, sus funciones son muy adheridles, dependen del ingenio de quienes los utilicen. Una señora contaba que en tiempos de la UP, cuando poseer objetos era casi imposible, consiguió un refrigerador que guardó en su habitación para el día que se casase. Desenchufado, junto a un velador de madera, yacía quieto esperando el casamiento. La señora poco a poco, comenzó a reunir otros objetos, de todo tipo, exclusivos en aquella época: toallas, sábanas, cubiertos, una máquina de coser que pesaba una tonelada y su vestido de novia. El mueble ya estaba lleno de cachivaches, así que la señora abrió las puertas de su hermoso refrigerador sesentero para introducir ahí toda la costosa colección doméstica para su nueva vida. Encontró novio, encontró iglesia, cura y gente; cuando hubo de ponerse el vestido de novia este se había conservado muy bien. Luego vinieron los primeros días de mudanza que realizaron con la camioneta de su marido y cuando estuvo todo instalado, sacó cada una de las cosas del refrigerador. Se acarició la cara con las toallas y eran las toallas más suaves del mundo, tuvieron su primera cena matrimonial y los cubiertos lucían resplandecientes, como si fueran de plata. Comenzó a utilizar ese mismo día la máquina de coser. Con ayuda de su hombre la instaló sobre un gran mesón. Zurció y zurcíó a gran velocidad nuevas prendas para la guagüita que esperaba hace un par de meses. Quedaba el refrigerador que instalaron en la cocina como correspondía, lo enchufaron por primera vez. Metieron pocos alimentos; leche, un pollo al congelador, verduras y vino blanco. Al día siguiente, la señora temprano en la mañana se levantó a preparar el desayuno, abrió las puertas del aparato y apreció la hermosa ampolleta que se encendía e iluminaba cada una de las delicias que habían dentro. Sin embargo la leche estaba tibia, el vino también y las verduras habían comenzado a pudrirse, el congelador no congelaba.
A veces -me decía la señora- los objetos sirven para otras cosas.
Muy bueno el cuento.... cuentos como este hacen prender el espíritu... chispazos y relampagueos aquí y allá. ojalá que como éste hayan miles más.
ResponderEliminarsaludos cordiales,
Adelino Umaña
muy bueno pelao
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