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sábado, 12 de noviembre de 2011


Es curioso. El mundo. Las determinaciones, los códigos y análisis entre humanos. Animales, bestias complejas, que desarrollan puntos acordados. Puntos tejidos. Para sentir la pausa, la tranquilidad.

Hablo chocando con en el viento,
por suerte. Lo comprendo. Los humanos. Miran como si lo miraron todo y son ciegos. Es raro. Son mejores, son peores. Líderes, qué risa esa palabra cuando miro mis manos calentarse, entibiarse en el sol de un no lugar. No importa, absorben el son entre industrias, o entre el acorde mutuo de dos seres que copulan entre basureros.

al final resulta que todo es bello. Pero no tanto. No tanto como un par de ojos que te quieren....eh ahí lo único que salva a los hombres. Dos ojos tristes, dos planetas de colores extraños que miran de no sé dónde, de las grietas, de la tierra, de una bestia con vida. Y se transforman en feminidades divinas, pero sòlo son un gesto, que se evapora en el tiempo...eso es lo más bello. Puntos, el dibujo de la mano de un niño silencioso que intenta no despertar a nadie, sólo en el mundo, cree que está sólo, cree que las hojas se agitan y que los pájaros prehistóricos chillan porque tienen que hacerlo...Qué bestia extraña es la que lucha contra la muerte, qué bestia la que cree que vive.


viernes, 3 de junio de 2011

Después y los restos


Arreaban el sol

Como lo arreaban todo

El ramaje y la polvareda

El remolino de las nubes

Incluso el agua cuando caía



Muchas conciencias solitarias

Deambulan por los ríos

Aún en los cuerpos

intentando plasmar gestos vivos en rostros muertos.



Las casas del sol

Yacen vacías

El turbante derramado en la ventana

El viento que lo agita un poco



Los ojos de niños fantasmas

Se levantan con el arenal

Bajo el mar todavía vuelan

Las plumas de los últimos pájaros


Pocas hojas quedan

No se levantan

Ni las sombras

Ni los árboles

El violín de un grillo

Una cigarra perdida entre la paja

Los únicos ruidos

Un cóndor atrapado en la roca

Un claustro que encarcela salas vacías


Los vestidos

Visten

Tierra

Las sillas

Recogen

Huesos

Queda lo que siempre estuvo

¿Y los hombres?

¿Las mujeres?



Arreaban el sol

Como lo arreaban todo

Los causes, las islas

Todo

domingo, 29 de mayo de 2011

Se fueron y ahí quedaron


Quiénes fueron los que miraron

Por la ventana

Las estrellas

Cuando no estaban


Estaban los hombres

Callados

Dormidos quizás

Resignados


A la tierra que se movía

A su tibio aliento

A su vida

A las piedras


Qué miramos por la ventana?

Estrellas

Dónde estaban?

No estaban


Eran nuestras alucinaciones

Éramos hombres mudos

Éramos seres muertos

Era el futuro


La misma triste historia del pasado.

domingo, 8 de mayo de 2011

Un poco antes


El hombre nace de una roca

Lisa y plana

A orillas de un lago calmo

Gris y tibio.


Nace de un árbol solitario

De la hoja, de la rama

Entre piedras afiladas

Su raíz profundamente enmarañada .


Nace de un escaso grito

Que brota de un eco

Sigiloso en un valle

Arrastrando tierra y polvo.


El hombre nace del viento

Y sus cobijos

En un claro de luz

Bajo la lluvia derramada.


Nace en la montaña

En la tormenta

Con el abrigo

De un sol posible.


Luego nace de una hembra

Cuando ya ha recogido

Los vestigios y el olor

De una tierra.

miércoles, 6 de abril de 2011

El Cristo Crucificado se desploma

Una mañana tranquila, tomaba desayuno junto a mis hijas, que de la nada, como si fueran acechadas por una fuerza especial del pensamiento, me preguntaron de qué estaba hecho el vaso que contenía el jugo que yo iba tomando a sorbos. –De vidrio- les dije. -¿Y el vidrio?- preguntaron ellas. Les expliqué que el vidrio estaba hecho esencialmente de arena, cuestión que a mí siempre me ha costado imaginar. ¿Cómo desde la piedra, surge la transparencia? Increíble. – ¿Y la arena de qué está hecha?- le conté que de la corrosión de las piedras, ya no tan seguro de lo que hablaba. Y no sé por qué motivo, en vez de preguntar de qué estaba hecha la piedra, me preguntaron quién las hizo. Claramente se me complicaba el panorama, estábamos entrando a un terreno desconocido. –Dios, dios el que creó todo el universo-. Listo, resuelto, todos los misterios llegan a Dios, él es la respuesta. No conformes me dijeron: - ¿Y quién hizo a Dios?- Ahí quedé mirándolas, revisando mi conciencia, mi memoria, creo que jamás me había hecho esa pregunta. Hermosa y terrible pregunta, sin duda. Se me ocurrieron ideas descabelladas como respuestas. Decirles que los hombres habían inventado a Dios (cuestión bastante lógica por un lado), pero hubiese sido una respuesta decepcionante. Les dije que ése era un secreto que nadie conocía. Ahí se quedaron tranquilas masticando, por fin, su pan con mantequilla.

¿Por qué nunca se me había pasado por la cabeza una pregunta así? Fácil. Desde niño me inculcaron que Dios era el tope de todo, como buen niño católico sabía que ahondar un poco más allá, en los terrenos oscuros de lo que no conocemos, de lo que no tiene respuesta, era dejarse llevar por el diablo y los pecados. Siempre bajo la triste mirada del Cristo Crucificado. ¡Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa! Golpecito en el pecho y la imagen de los pies y manos de Jesús sangrando. Me da la sensación que esa imagen terrible de Jesucristo es la que tiene bastante trastocada a la gran mayoría de los católicos y sobre todo a la Iglesia en sí. Cómo basar una religión en la culpa, como el pilar fundamental de todo. No he visto nada más absurdo que decir que los hombres crucificamos al “Señor”, que todos los hombres de la historia lo subimos a la cruz y le clavamos pies y manos e instalamos una corona de espina en su cabeza. ¿Por qué no un Jesús vivo? pateando al comercio que se apostaba frente al templo, o social, con el amor desprendido que le daba a amigos o enemigos, o el Jesús justo, sabio, valiente, capaz de dudar y cuestionarse. Pero no, los católicos se arrodillan al Jesús crucificado, triste, ese que le dice a su padre “por qué me has abandonado”. Todo lo que viene después de esa imagen, ya sea en la biblia o lo que construyó la iglesia desde ahí en adelante, es una sola mentira, es literatura, ficción, ambición, poder y abuso. Con los tintes claros de que dentro de esa majamama confusa, había unos que estaban más lúcidos y seguían los valores del “Jesús Hombre”.

Desde la culpa, nada bueno puede surgir. Vivir pensando que algún día seremos perdonados (sin tener la certeza si existe acaso algo o alguien que reparta perdones) sólo puede provocar trastornos psicológicos severos. Hace varios años se destituyó de su cargo al Arzobispo Cox (de quien hay muchos mitos, como que su tía Marcela Paz había basado el personaje Papelucho en él, su sobrino) de su cargo en La Serena por temas de abuso a menores. Nunca se supo mucho al respecto y la iglesia si bien lo retiró de su cargo, lo ocultó y lo protege hasta hoy en día. Pero eso ya significó un remezón. Puso en alerta a la gente y quizás entonces se comenzó a dudar de la santidad de curas y sacerdotes. Tengo la imagen fresca de ver a unos primos inflar sus cachetes y contener el aire toda una cuadra, para pasar rápido y no contagiarse con un cura con fama de maricueca (como diría alguna vieja cuidadosa) que vivía ahí. El mismo cura, luego fue destituido de su cargo, ya que buena parte de la población de adolecentes hombres de esa localidad eran homosexuales y habían sido sus monaguillos. Luego Informe especial y mi primo James Hamilton. Luego Tolerancia cero y James Hamilton. Karadima limándose las uñas, besando cuneteado, tomándole los genitales a quienes lo idolatraban. Manipulando vidas inseguras, perdidas. Un abusador de tomo y lomo, maquiavélico, poderoso, el guía espiritual de la elite chilena.

Cae el Cristo crucificado, esa trinidad confusa, el secretismo, las voces calladitas e inentendibles que producen eco en los pasillos y en la bóveda de una iglesia, el silencio cómplice. Se desploman los hábitos, esa santidad chanta y adornada del vaticano, con sus zapatitos blancos y coronas, mantas delicadas, finas, la ropa de cura. Cae la jerarquía, que caiga por favor esa mentira de que estos señores están más cerca de Dios. Se nos dice desde niño: “a dios todos los llevamos dentro”. Y los que nos enseñan eso, arman una jerarquía ridícula, aclarando que ellos están más cerca, que son el puente seguro a Dios. Basta de contradicciones.

Alfredo Jocelyn- Holt, que siempre tiene que decir algo que no es obvio, dice que la Iglesia Católica chilena no ha sido influyente en el país (http://www.latercera.com/noticia/opinion/ideas-y-debates/2011/04/895-355543-9-antes-y-despues-de-karadima.shtml). Hay que tener dos dedos en la frente para entender, que si bien no ha sido influyente en temas de misticismo, si lo ha sido en términos políticos. Hemos sido testigos de cómo la Iglesia ha metido su nariz en todas las decisiones con tintes ético/morales. Hace unos años, incluso, se daban el lujo de censurar películas. No me preocupan los católicos, ni la Iglesia, me preocupa mi país y que quienes ejercen el poder en Chile estén relacionados a este poder eclesiástico, retrógrado, conservador y arrogante. El mal que hace una iglesia que no se reforma, es evidente. Es hora de romper los paradigmas ¿Por qué Chile tiene que depender, ideológica y a veces políticamente, de lo que un señorito decide, lejos, en el Vaticano. ¿Por qué mis hijas, cuando por primera vez entraron a la iglesia -a modo de visita- tras saludar a Jesús de manera feliz y entusiasta, no con vocecitas silenciosas (piadosas, culposas), sino fuerte y claro: -Hola Jesús-; tienen que recibir miradas enfadadas de unos feligreses depresivos? Esa gente no sirve para nada, los que adoran al Cristo Crucificado están envenenados.

No hay fe más bella, que la fe libre, la búsqueda, la sospecha, poder preguntarse sin temor ¿quién hizo a dios? Y llegar aún más lejos sin culpa, con el espíritu temerario de un niño.

viernes, 18 de marzo de 2011

Apocalipsis






Durante siglos la infinita arena de los muchos desiertos ha sufrido tus pasos numerosos y tu aullido.

Borges

La primera vez que escuché la palabra Apocalipsis y me asusté fue un día corriente, hace varios años, cuando sin mucha gana me dirigí a un evento de mi universidad. Por esos días estudiaba derecho y nos convocaron al gimnasio de la universidad para darnos una bienvenida. Me senté con un amigo al medio de una multitud de estudiantes aburridos. De pronto a paso lento un hombrecito se subió al escenario, un tipo grisáceo por su tenida, con una gorra del mismo color y una bufanda café. Bien podría haber sido un viejo que lo sacaran de su propia ancianidad o de un asilo, para traerlo arropado a decir unas palabras a una juventud dormida. ¡Apocalipsis right now here! Chilló desprendido del micrófono agitando sus manos huesudas. Quedó el eco de la voz de Nicanor Parra en el aire y a mí se me apretó el pecho. Era mi primer y único encuentro con el poeta chileno y no se me olvidaría nunca. Su discurso no duró más de dos minutos, para luego retirarse como un viejo cualquiera, lejano a la física y a la poesía.

Otro día, y no hace mucho, viajé a Combarbalá, un pueblo minero del norte de Chile, falto de árboles, seco como la montaña misma. Partí para esos rincones porque quería entrevistar a unos cabreros que arriaban animales hacia argentina. En realidad quería llegar hasta el lado argentino de los andes, durmiendo a la intemperie, mateando arriba de una yegua. Sin embargo, entre Combarbalá y los cabreros, había que pasar una pequeña estadía por una comunidad autosustentable de seres humanos anti-sistema. Nunca me había parecido mal lo de las comunidades autosustentables, sino que incluso me parecían algo atractivas. Pero lo que me sucedió al llegar a esta comunidad de gente citadina que se fue a vivir a la montaña es algo que nunca hubiera imaginado. Más que una comunidad, este grupo de personas pertenece a una secta que cree en seres de luz (o ángeles) que vigilan y protegen a los hombres desde el ciberespacio. Tienen a un líder que se llama Claudio Pastén quien tuvo hace varios años una experiencia “cercana” con dos seres de luz que le revelaron que la tierra prometida era ese pequeño rincón del norte del país y que los elegidos (interpretaciones bíblicas mezcladas con extraterrestres) habían demorado 40 años buscando la tierra prometida porque habían tenido que cruzar el océano atlántico por debajo del mar, a través de unas naves/ciudades que estos seres de luz les habían dispuesto. Es decir, los judíos de aquellos tiempos encontraron la tierra prometida en Chile y viajaron a través de ciudades acuáticas. Lo increíble es que este grupo de gente sigue a Claudio Pastén hasta la muerte porque él dialoga y es poseído por los seres de luz, que hablan a través de él y le dan mensajes a cada integrante de la secta. Además un día multiplicó latas de cerveza cristal. De esto y otras cosas me enteraba la primera noche alrededor de una fogata junto a un par de personas de esta comunidad. Tras mis dudas y negatividad ante todas las pachotadas que me decían, me desafiaron y empezaron a invocar a los ángeles para que se revelaran a través de destellos de luz en el cielo. Estuvimos así cerca de una hora en el nunca agotador ejercicio de mirar el universo. A su vez, miraba a uno de estos personajes que usaba unos lentes poto botella, por lo que su visión bien podía estar bastante trastocada, cosa que comprobé cuando apareció un avión en el cielo y este hombre se puso a saltar y a decir: -¡ahí, ahí…viste! Con increíble emoción y convicción, y luego lo mismo con un satélite. Esta gente está realmente chiflada pensé. Luego me comentaron -con mucha tranquilidad- que los delfines venían del planeta Júpiter. Más encima de sustentablemente no tenían nada, con suerte unas gallinas que se mantenían solas y les daban huevos, todo lo demás era un solo basural bajo un hermoso cielo, los colores de la montaña y un río cristalino. ¿Cómo se sustentaba todo esto? Claudio convenció a su gente de que en el año 2012 sería el Apocalipsis (basado en sus propias teorías y apoyado por las predicciones mayas) y que si ellos lo seguían, serían rescatados por estos ángeles de luz y serían los únicos sobrevivientes del planeta (los chilenos, según Pastén, seremos arrasados por una gran ola de 1800 metros, algo así como una gran masa de agua del tamaño del cerro Manquehue y un poco más). Lo más triste era ver que dentro de la comunidad había niños. Vi a dos (y es la última imagen que me llevé cuando salí escapando del lugar por temor a que me sucediera algo) encerrados en su casa, lejos de los otros niños del mundo y del mundo, atrapados bajo la tutoría de sus padres, o más bien de dos seres pelando el cable. No tenían educación ni oportunidad de elección, ahí estaban en la alta montaña, bajo la fe ciega y fanática de personas ajenas a la cordura.

APOCALIPSIS RIGHT NOW HERE¡¡¡… me repetía.

No sé muy bien cómo interpretar a Nicanor Parra, pero me gusta pensar que el apocalipsis está sucediendo y desde hace mucho tiempo, quizás desde siempre. Todo tiene su fin, y el recorrido para llegar a éste, es ir lentamente acabándose. Así como los seres humanos tenemos nuestra fecha de vencimiento, pareciera que la humanidad también. ¿Cuándo? Tsunamis, las plantas nucleares y los samuráis kamikaze evitando lo peor, científicos europeos asustando a la gente diciendo que hasta acá llegamos (Pastén se frota las manos). Sólo gestos apocalípticos, ojalá el planeta tenga un poco más de paciencia, no sería justo desaparecer junto a Parra, yo también quiero mis noventa años de huaso macuco.


* Fotografía: Claudio Pastén poseído por los ángeles en un programa de TVN.

martes, 8 de marzo de 2011

Morderse la cola

Una linda metáfora del antiguo testamento dice que los niños que se alimentan de uvas ácidas crecen con dientes afilados.

Por otro lado, un documental (Zeitgeist) repleto de sabios (sociólogos, científicos, psicólogos, etc.) gringos e ingleses de estos tiempos, algo frustrados y deprimidos, aseguraban que la genética nada tenía que ver con predisposiciones hacia la violencia, droga, depresiones, entre otras cosas terribles del ser humano. Sino que todas las alteraciones negativas del hombre surgen gracias al mundo que los seres humanos hemos creado. Argumentaban que tanto la violencia, como el stress y las adicciones son males positivos para el funcionamiento de una sociedad capitalista; por ejemplo, la salud de Estados Unidos es uno de los factores que más contribuye al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), es decir: entre más enfermos, más crece la economía de ese país. Los ciudadanos estadounidenses mueren y su economía crece. La economía gringa promueve las enfermedades, también la guerra y los sistemas carcelarios porque eso hace crecer su PIB. ¡Curioso! El modelo que ha seguido Chile estos últimos años ha sido ese. No por nada hoy nos han repletado de farmacias y nos han convencido que somos el pueblo más estresado del mundo o a su vez los menos productivos por la cantidad de horas que se trabaja, generando frustración, pesimismo y una no muy positiva visión de nosotros mismos. Quién puede estar contento consigo mismo y con sus pares si vivimos a tal punto de neurosis. Nos han convencido y no sólo eso, nos han hecho sentir orgullosos de ser uno de los países más buenos pal’ trago, que sólo nos superan los rusos y los irlandeses. Y así la industria de alcoholes crece a destajo, nos meten ron y ron tomamos. ¿Cuántas marcas distintas de ron han metido al mercado? Para que decir lo del tabaco, la publicidad como cómplice de todas estas necesidades que al final son sólo problemas que nos acechan si no llegamos a solucionarlos rápidamente. También se nos miente con la crisis energética y dejamos que esos que nos maleducaron (los gringos) nos compren (a los políticos, no importa el bando, hace rato que son sólo unos muñecos que se turnan un pedacito de poder) con mucho dinero para poder poner sus centros de energía, que envenenaran no sólo la tierra sino también a la gente, justamente el puñado de personas que siguen protestando y a veces aparecen como seres lejanos… ¿qué importa, si apenas son un puñadito? Pero increíble cómo se movieron para salvar un par de pingüinos…mucho amor por los pingüinos, poco amor por el chileno.

Lo más terrible de todo esto es que sucede (me gustaría creer) de manera inconsciente, más bien un inconsciente colectivo, o lo que Adam Smith llamó “Mano Invisible”, que es la que controla al final el mercado para no arremeter contra las libertades de los seres humanos. Es como responsabilizar a Dios de los manejos de la economía en esto que llamamos capitalismo. Y al final no son los seres humanos los que aplastan las libertades de los más débiles, es el capital, es esta mano invisible imposible de culpar… ¡Es que todos tenemos que pagar una renta¡ dirán, pero después dirán que hay tanto resentimiento, delincuencia, drogadicción, que la pobreza vive en un círculo, que la educación es una mierda.

Que muchos tienen los dientes afilados y cómo no, si les dieron de comer uvas ácidas.

El capital es otra droga de la cual todos somos adictos y no reconocerlo nos hace más adictos aún. ¿Lo lindo? No todos viven así.

martes, 18 de enero de 2011


Otro viaje hacia las estrellas

Sus piernas cortas pisaban la nieve en los pasajes de Moscú, su hocico olfateaba los rastros de una rata sabandija que le había ganado un forcejeo. Pillar ratas en Moscú es casi imposible, sobre todo para una perra cuyo esquelético y friolento cuerpo estaba a punto de deshacerse bajo el pórtico de alguna embajada europea. Sus ojitos eran lo único vivo -prendidos y hambrientos-. Las demás partes del cuerpo estaban a centímetros de la muerte.

Dos hombres la recogieron y la perra se durmió dentro de un saco donde volvió a reconocer el calor. La alimentaron en una habitación blanca, la perra se fortaleció, le pusieron algún nombre común para perros rusos y recuperó el color de su pelaje. Luego vinieron las máquinas, los experimentos, los platos de jalea incolora e insípida. La perra asentía con la cabeza cada instrucción, sin entender nada. Mover la cabeza era satisfacer una mano que soltaba una galleta, nada más. A las cuatro semanas, la perra era el primer ser vivo del planeta tierra en salir al espacio exterior. Laika fue su quinto nombre, los otros cuatro eran nombres de historias pasadas, algunas felices, como la experiencia que tuvo en una casa de veraneo en San Petersburgo, donde un niño pequeño la bautizó comoZhuchka (bichito), tras encontrarla comiendo pasto en el jardín. Los demás fueron nombres que vagabundos borrachos le pusieron. Lástima que los vagabundos nunca fueron muy comprometidos con ella, si así fuese sido, seguramente jamás hubiera estado reducida a una cavidad metálica donde apenas cabía su cuerpo, flotando en algún lugar muy lejos de la Unión Soviética. Siete horas duró Laika en un rincón del universo. Tuvo algunos sueños confusos que se fusionaban con su única visión: el Planeta. Murió de stress tras toparse con la luna. De todas formas iba a morir. Los hombres no habían preparado su retorno, no hubo tiempo, los cerdos capitalistas estaban a punto de mandar un cohete con monos. Había que ganar la carrera espacial sea como fuere, o Stalin le cortaría las cabezas, a ellos, a Laika, a quién fuera el responsable.

Dicen que en Santiago de Chile se encontró un perro que cayó en paracaídas, pero descubrieron que era macho y no hembra como Laika. La gente de derecha y la Iglesia culpó a los comunistas y socialistas a quienes acusaron por lanzar varios perros por el aire, intentando hacerlos pasar por Laika (a quien la población chilena ya apodaba "La Comunacha"), para ganar las elecciones de ese año. Digan lo que digan, Laika jamás volvió a tierra. Decían en esos años, que fue disecada y otros que Stalin, junto a su sastre se la comieron a manera de celebración. El dueño de la luna -un huaso vivo de Talca- llamado Jenaro Gajardo Veradesmintió cualquier rumor sobre la perra, pues juraba con golpe en el pecho que ésta se encontraba bien en su hacienda lunar. Sin embargo, Jenaro fue desmentido por el mismísimo Neil Armstrong, cuyas únicas palabras tras volver a la tierra fueron: “Laika en la Luna definitivamente no está”. Tras dichas palabras, el primer astronauta en pisar la Luna recibió amenazas de muerte y la NASA le recomendó no hablar nunca más.

Lo que está claro es que la materia de Laika no está en nuestro planeta. Que el planeta disminuyó su peso corporal en 6 kilos provocando un desplazamiento minúsculo, es decir un desequilibrio fatal que en pocos años harán que la tierra se haga polvo de estrellas y la humanidad como una sola masa chillona y fantasmal, flotará desparramada muy lejos de la nave de Laika, el Sputnik 2, muy lejos de sus restos, de sus ojos que al cerrarse por última vez comenzaron el recorrido de extinción del planeta y de la vida.


jueves, 13 de enero de 2011


Aeromozas ¿qué hacen aquí?









Estoy despierto y sostengo mentalmente las alas del avión. Escucho hablar al resto de los pasajeros. La mayoría están dormidos pero hablan en sueños. Tienen pesadillas o sueños recurrentes. Son chilenos. Las azafatas españolas los miran mientras atraviesan el pasillo de punta a punta, a veces en paralelo y a veces en direcciones contrarias. Cuando esto último ocurre y sus trayectorias se interseccionan ambas azafatas levantan las cejas en la oscuridad y prosiguen imperturbables su marcha.

Roberto Bolaño


Mis experiencias con azafatas han sido varias. Y no del tipo burdo (eso para Hollywood y affaires soñados). Han sido en realidad experiencias del orden visual. Una mirada y un par de ojos que responden a la distancia, mientras sus manos sostienen un jugo de tomate a punto caer en el vaso de un pasajero finlandés. En primer lugar prefiero llamarlas aeromozas. Idealmente deben ser bellas y jóvenes, y llevar la frente estirada por las riendas de sus moños perfectamente enlazados en alguna cintilla cuyo color corresponde a los colores de la línea aérea. Si hay algo que me gusta de la experiencia aeronáutica son estas bellas damas del espacio. Andan sueltas a diario sobre veinte mil pies lejos de la tierra, entrenadas para servir whisky cuando el avión va en picada contra los Himalayas.

Conocí una vez una azafata en tierra. En el terminal de buses de Lisboa puteaba en italiano a los encargados de una de las compañías de buses, por haberla dejado botada en la capital lusa, cuando en realidad quería llegar a Oporto. Yo estaba en las mismas y me unía a los retos italianos que salían de su boca. Luego me miraba y me decía en una mezcla de idiomas que hablaba portugués, italiano, inglés, español y un poco de francés. Era italiana y llevaba una gorra negra (tipo yoqui), lentes negros y una polera negra que bien podía llevar un corazón dibujado en lentejuelas brillantes y un “Love” con los mismos detalles. Esperamos juntos más de 4 horas en una banca del terminal de buses de Lisboa. Mientras tanto, unos portugueses madrugados por el alcohol nos gritaban, en realidad le gritaban a ella, cosas desde una cafetería. La aeromoza italiana levantaba la voz y los mandaba literalmente a “cagar”. Sara era su nombre ahora que la recuerdo y no le venían con cuentos. Me trato como un niño asustado y en realidad eso parecía a esas alturas. Pensaba entonces que las azafatas en tierra no se sentían muy bien y que se comportaban de una manera completamente diferente a como eran arriba en el cielo, muy lejos de la elegancia que se acostumbra en las alturas.

¿qué hacen aquí pisando suelo? pensaba luego de dejar a Sara arriba de un taxi en Oporto. Simplemente se trastornan. Quizás busquen una pareja que sólo verán unas cuantas veces. Van recogiendo vestigios, pequeños tesoros e historias cada vez que sus pies pisan la tierra. Mareadas chocan contra un mundo que no conocen, lejos de los carritos y las conversaciones con los pilotos y los daneses con sus jugos de tomates, las azafatas con los pies sobre la tierra sólo sienten vértigo. Por eso la cita a Bolaño y la mirada de cómplice de ambas aeromozas cuando se cruzan en el pasillo sin entender la tensión y las pesadillas de los pasajeros chilenos, intranquilos y febriles antes de pisar el terruño. Porque son de arriba y los de abajo son sólo extranjeros de su pequeña patria aérea, sin embargo ¿Qué hicieron, cuando no existían los aviones, aquellas mujeres que nacieron para ser bellas damas del espacio? Quizás murieron antes de tiempo, antes de emprender el vuelo.

lunes, 10 de enero de 2011

La subjetividad de los objetos

Los objetos existen, están compuestos de materia, habitan un espacio vacío con su peso muerto, sus funciones son muy adheridles, dependen del ingenio de quienes los utilicen. Una señora contaba que en tiempos de la UP, cuando poseer objetos era casi imposible, consiguió un refrigerador que guardó en su habitación para el día que se casase. Desenchufado, junto a un velador de madera, yacía quieto esperando el casamiento. La señora poco a poco, comenzó a reunir otros objetos, de todo tipo, exclusivos en aquella época: toallas, sábanas, cubiertos, una máquina de coser que pesaba una tonelada y su vestido de novia. El mueble ya estaba lleno de cachivaches, así que la señora abrió las puertas de su hermoso refrigerador sesentero para introducir ahí toda la costosa colección doméstica para su nueva vida. Encontró novio, encontró iglesia, cura y gente; cuando hubo de ponerse el vestido de novia este se había conservado muy bien. Luego vinieron los primeros días de mudanza que realizaron con la camioneta de su marido y cuando estuvo todo instalado, sacó cada una de las cosas del refrigerador. Se acarició la cara con las toallas y eran las toallas más suaves del mundo, tuvieron su primera cena matrimonial y los cubiertos lucían resplandecientes, como si fueran de plata. Comenzó a utilizar ese mismo día la máquina de coser. Con ayuda de su hombre la instaló sobre un gran mesón. Zurció y zurcíó a gran velocidad nuevas prendas para la guagüita que esperaba hace un par de meses. Quedaba el refrigerador que instalaron en la cocina como correspondía, lo enchufaron por primera vez. Metieron pocos alimentos; leche, un pollo al congelador, verduras y vino blanco. Al día siguiente, la señora temprano en la mañana se levantó a preparar el desayuno, abrió las puertas del aparato y apreció la hermosa ampolleta que se encendía e iluminaba cada una de las delicias que habían dentro. Sin embargo la leche estaba tibia, el vino también y las verduras habían comenzado a pudrirse, el congelador no congelaba.

A veces -me decía la señora- los objetos sirven para otras cosas.